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Las cortinas del Four Seasons, una obra de Arte cinética accidental


Se bromeaba diciendo que quienes estuvieran en la barra del Cocktail Bar, al ver el efecto dominó y ondulante de las cortinas, podían llegar a pensar que habían tomado un margarita de más…

El Seagram Building de Mies van der Rohe fue inaugurado en 1959 en el cruce de Park Avenue con la 52, en pleno Midtown de Manhattan. Por su lenguaje racional de acero y vidrio -propio de la arquitectura de la Escuela de Chicago- está considerado como monumento histórico y una de las obras más emblemáticas del arquitecto alemán en Estados Unidos. Este rascacielos de 157 metros se convirtió, además, en icono del creciente poder de corporaciones como la Seagram’s gin, una de las primeras que invirtió en tener una sede imponente.

Como todas sus obras, Mies van der Rohe ideó este edificio como un objeto de belleza… y en él todo está diseñado para transmitir apertura, fluidez y libertad. Para lograr estas mismas sensaciones en el interior, trabajó junto a Philip Johnson y su ayudante, Marie Nichols, quién descartó colgar cortinas de tela en el restaurante Four Seasons, situado en la 4 planta, por considerar que los ventanales eran tan altos que quedarían “desmayadas”.

Su alternativa fue colocar cadenas de metal cuyo color cobre combinara con los paneles de madera de nogal francés de las paredes. Unas cortinas que, al ser transparentes, dejaran entrar toda la luz del día pero por la noche fueran perfectamente opacas y cumplieran además con el código de incendios de Nueva York, que prohibía el uso de materiales inflamables en sitios públicos. En total se colocaron 81.408 anillas formando cadenas a lo largo de 70 ventanas, que van desde los 5 hasta los 22 metros de altura.

Cuando las cadenas estuvieron ya colgadas, a todos les sorprendió que ondearan… e incluso los responsables temieron que este efecto de onda rítmica constante pudiera marear a los comensales. Aunque esto no sucedió, hubo quién bromeó apuntando que quienes estuvieran sentados en la barra del Cocktail Bar percibiendo esta especie de efecto dominó podían llegar a pensar que se habían tomado un margarita de más. Y en contra de la creencia inicial de que el movimiento estaba causado por las corrientes de aire o por el metro que pasaba por debajo de Lexington Avenue, la conclusión unánime a la que se llegó fue que el fenómeno aparecía… por arte de magia.

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