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¿Es un Banksy?

En un viaje de naturaleza por Islandia y siguiendo con el objetivo un témpano que se había desprendido del glaciar de Jökulsárlón, me alejé del radio de visitantes hasta pasar por debajo de un puente. Al deshacer el camino, me encontré con este enorme oso polar graffiteado en la base más oculta del puente, con actitud provocativa… En primer lugar me provocó una carcajada, al descubrirle dispuesto a llenar el carrito de la compra con los excedentes de hielo del glaciar y, a continuación, la pregunta: ¿Es un Banksy?.

Por suerte, en la misma (alta) latitud tenía a mi historiador del Arte de cabecera, Ignasi Domènech, quién me subrayó dos motivos que podrían demostrar que el graffiti era obra del misterioso artista: su tono humorístico e irónico y porque, aunque la mayoría de los graffitis que se le atribuyen a Banksy son monocromos, éste siempre deja un pequeño margen al color… en este caso, en la barra del carrito.

Aunque divertida por la sorpresa y el descubrimiento, me fui con la duda de si realmente lo sería. Misterio, reflexión y una sonrisa… tres efectos que por sí solos ya confirmarían que, efectivamente, era un Banksy.

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