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Una tarta para Adele, en la Neue Gallery de NY

Adele-Schnitte es mucho más que un Pastel de Fruta de la pasión y Mousse de coco, en la carta de tartas del Café vienés de la Neue Gallery. Es un homenaje del chef con estrella Michelin de Sabarsky a Adele Bloch-Bauer I, la pintura icónica de esta galería de la 5a avenida de Nueva York, dedicada al arte alemán y austríaco de principios del s.XX.

Entre obras de Egon Schiele, Josef Hoffmann, Adolf Loos y Otto Wagner, resalta este óleo que Gustave Klimt pintó en 1907 con oro y plata, al más puro estilo Jugendstil. Respondía a un encargo de Ferdinand Bloch-Bauer y decoraba su casa de Viena cuando, en 1938, fue expoliado por los nazis. Aunque su mujer, musa de Klimt y protagonista del cuadro, dejó escrito que a su muerte su retrato se exhibiera en el Belvedere de Viena, Ferdinand Bloch-Bauer cambió el testamento y lo dejó en herencia a su familia.

Éste fue el argumento de una de sus sobrinas, Maria Altmann, quién durante 10 años libró una incansable batalla legal contra el estado austríaco, para recuperar la obra familiar. Gracias a la audacia del joven abogado Randy Schoenberg, llevaron el caso hasta el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, en el que se popularizó como el caso “República de Austria vs Altmann”. Para sorpresa del gobierno de Austria, que lo defendía como un “símbolo nacional”, Altmann acabó siendo reconocida como propietaria legal.

Ya en su poder, en 2006, Maria Altmann vendió la obra al propietario de la Neue Gallery, Ronald Lauder, por 135 millones de dólares. Hijo de la empresaria cosmética Estée Lauder, filántropo y coleccionista de Arte, fue durante su etapa como embajador de Estados Unidos en Austria cuando empezó su empeño por recuperar obras de arte propiedad de la comunidad judía, confiscadas o robadas por el gobierno nazi. En el momento de adquirirla, se refirió a Adele Bloch-Bauer I como “nuestra Mona Lisa”.

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